Descubre el papel estratégico de la biomasa en los próximos 20 años: crecimiento de mercado, políticas públicas, sustentabilidad, innovación y desafíos ambientales respaldados por informes de la IEA, ONU, OECD/FAO y organizaciones líderes en bioenergía.
En el umbral de una transición energética profunda, la biomasa emerge como una pieza clave del rompecabezas climático y económico de las próximas dos décadas. Gobernada por datos robustos y análisis de organismos internacionales, su proyección hasta 2046 responde a cinco puntos cruciales para gobiernos, inversionistas, industrias y sociedad civil.
1. La biomasa ya es la columna vertebral de las energías renovables
Hoy, la biomasa —en forma de bioenergía— representa cerca del 55% de toda la energía renovable moderna del mundo y más del 6% del suministro energético total global, según la Agencia Internacional de la Energía (IEA). Dicho de otro modo: ya aporta más energía que la solar y la eólica juntas.
Lejos de desaparecer, su papel crecerá. En los escenarios alineados con emisiones netas cero, la IEA proyecta que el uso de biomasa moderna casi se duplicará antes de 2030, pasando de 21 exajoules a 39 exajoules, lo que implica un crecimiento promedio anual superior al 9%.}
A la par del crecimiento de la biomasa, también crece el mercado de calderas especializadas para su máximo aprovechamiento, como las soluciones industriales de las Vyncke, consideradas las mejores en el mundo.
2. Un mercado que no deja de crecer — en energía, dinero y escala
Las cifras del mercado confirman esta tendencia. De acuerdo con la World Bioenergy Association, en 2024 la biomasa alcanzó:
- 151 GW de capacidad eléctrica instalada a nivel global.
- 698 TWh de electricidad generada, con un crecimiento anual del 3%.
- 192 mil millones de litros de biocombustibles líquidos, que cubren el 90 % del transporte renovable mundial.
- 1.76 exajoules de producción de biogás, con una expansión acelerada del biometano.
En términos económicos, el mercado global de energía a partir de biomasa pasará de 11.6 mil millones de dólares en 2025 a más de 20.7 mil millones en 2034, con una tasa de crecimiento anual cercana al 6.7%.
3. Biocombustibles: el puente entre el presente y el futuro
La biomasa también es la base de los biocombustibles que hoy permiten reducir emisiones en el transporte. Según la OCDE-FAO, para 2034:
- La producción mundial de etanol superará los 155 mil millones de litros.
- El biodiésel alcanzará casi 81 mil millones de litros.
- El crecimiento anual promedio será cercano al 1%, impulsado sobre todo por economías emergentes como Brasil, India e Indonesia.
4. Inversión, innovación y seguridad energética
La biomasa también está atrayendo capital. La IEA estima que las inversiones en bioenergía crecerán alrededor de 13% anual, alcanzando cerca de 16 mil millones de dólares en el corto plazo.
Particularmente dinámico es el sector de combustibles renovables avanzados:
- La capacidad para producir diésel renovable y biojet creció 25 % en 2024.
- Se espera otro aumento cercano al 40 %, alcanzando 800,000 barriles diarios.
5. El gran reto: crecer sin perder legitimidad ambiental
El futuro de la biomasa no depende solo de cifras. Depende de cómo se haga. Organismos internacionales y fundaciones ambientales coinciden en un punto crítico: sin criterios estrictos de sostenibilidad, el crecimiento puede volverse un problema.
Deforestación, uso ineficiente de recursos o cadenas de suministro opacas pueden erosionar su credibilidad. Por eso, el consenso es claro: la biomasa del futuro será sostenible o no será.
Certificaciones, trazabilidad, aprovechamiento de residuos y economía circular ya no son opcionales: son el nuevo estándar.